miércoles, 16 de junio de 2010

SER FELIZ

Vivía en un castillo de piedra. Cada día, después de beber su porción del Agua Dulce, subía las decenas de peldaños hasta llegar a la torre y salir al balcón de las magnolias. ¡Cómo le gustaba aspirar su aroma penetrante y dulzón!
     Aquella mañana llevaba su pelo suelto. Un vestido de seda y terciopelo cubría su cuerpo. Suspiró, despacio, y cuando salió a la intemperie se detuvo en la baranda fría, aún mojada por el rocío de la mañana.
     Cada día hacía lo mismo. Cada día, de pie y con sus manos aferradas a esa baranda, echaba su cabeza hacia atrás, cerraba los ojos... y sonreía. Cada día –si alguien pudiera verla– hubiera afirmado que recordaba algo placentero y muy querido... de ahí su sonrisa plena. Pero no podríamos asegurar que fuera así.
     Luego, como si ese recuerdo la inundara entera, abría los ojos y fijaba su mirada en el poniente, como buscando figuras amadas y lejanas. Una leve tristeza sombreaba sus negros ojos, pero como ella era muy sabia, se volteaba y repetía su frase predilecta: “En este día he resuelto ser feliz. Nada impedirá que lo logre, porque Tú eres el único Dueño de mi destino.”
     Acompañada sólo por el canto persistente de los cardenales, dio unos pasos hacia la esquina que conocía de memoria y se sentó junto a la mesita de hierro. Abrió el cofre de vidrio de colores y sacó las hojas de papel, la pluma y el tintero.
     Estuvo escribiendo durante mucho tiempo hasta que el cansancio comenzó a cerrarle los ojos. Se levantó, bostezó con ganas y guardó ordenadamente las hojas amarillas, la pluma y el tintero dentro del cofre. ¡Cuántas palabras derramadas sobre aquellos papeles! ¡Cuántos sueños e ilusiones furtivas! Sabía que le hacía bien sacar del fondo de su alma todo aquello que dolía para sentirse más liviana, más etérea... mucho más en sí misma.
     Luego, se detuvo, erguida, aferrándose  a la baranda fría como si en eso se le fuera la vida. Realizó el mismo ritual anterior, repitiendo con dulzura y con firmeza: “En este día he resuelto ser feliz. Nada impedirá que lo logre, porque Tú eres el único Dueño de mi destino.”
     Después, tal como llegó, desapareció –leve– tras los peldaños de piedra y oliendo a magnolias.

(Chari)
    
    

viernes, 16 de abril de 2010

EL MÁS AMADO...DE MI ALMA

Lo ví aquella tarde y supe que era... el que amaba mi alma. Nadie me lo dijo; simplemente lo intuí. Su alta figura y Su sonrisa generosa cautivaron mi corazón. Y quise conocerlo. Se llamaba… Hombre.
       Fue por la mañana que me acerqué y le conté mi vida. Sus ojos claros penetraron mis sentidos y supe que nunca más olvidaría Su historia. Junto a Él aprendí las verdades más grandes y de Su mano cálida me aferré para siempre. Nunca más sentí el desamparo y estar a Su lado es mi único destino.
           Sus ojos sigilosos intuyen el peligro y pongo atención a todos Sus consejos. Su boca se derrama de ternura. ¡No imagino mi vida sin Él! Después de tanto buscarlo, ¿cómo podría dejarlo ir? Su amor eterno traspasó mi corazón y nunca más volví a sentir desconsuelo. Su amor me seguirá todos los días de mi vida.
         La honestidad adorna Su pecho y la sabiduría corona Su cabeza. Sus pies son ágiles para la carrera y Sus manos desbordan bondad. ¡Nada me falta estando a Su lado!
       Por la noche me acuesto y me duermo tranquila porque Él vigila mi sueño. Es el defensor de mi vida y también quien la restauró. Él es el Rey del universo y Su grandeza perdura para siempre.
        Lo ví aquella tarde y supe que era El que ama mi alma… Su nombre es Abba.

Un poco más tarde lo hallé, lo retuve y no lo dejé ir...” (Cantares 3:4, LA BIBLIA AL DIA.)
(Chari)

sábado, 6 de febrero de 2010

LA REVOLUCIÓN DE LA BONDAD

La revolución de la bondad llega sólo cuando nos damos cuenta, cuando reconocemos que es lo único que nos hará anhelar algo distinto y prodigioso en nuestra vida. Para ello debemos permitir que su aroma nos perfume, nos renueve, nos cautive, nos envuelva, nos conmueva, nos llene de belleza, de frescura, de libertad y de alegría… sólo así podremos compartirla con los demás, «porque el aroma que se recibe y no se comparte, no sirve de nada», parafraseo el pensamiento de un amigo.
   Lo que quiero decir es que tendremos que hacer algo... aquello que nadie quiere hacer: acercarnos a la gente que nos necesita, a los enfermos desahuciados, a las viudas,  a los  abandonados, a los desvalidos, a los enfermos de los cuales todos se alejan... y sentir compasión por la gente marginada (dejando algo mejor en ellos), algo que no se adquiere con dinero ni con poder, porque tiene que ver con el alma, con el interior del ser humano.
   Por éso creo que es bueno pensar en una verdadera revolución de la bondad porque nos lleva al comienzo del Tiempo. Es preciso que recordemos de dónde venimos: “En el principio...” Nos hace bien recomenzar, removernos, revitalizarnos, refrescarnos, renacer, recrearnos... revolucionar con la bondad el mundo en que vivimos. 
   ¿Por qué no comenzar hoy mismo siendo bondadoso en nuestro barrio? Creo que comienza así.

viernes, 5 de febrero de 2010

LA MARIPOSA VANIDOSA

De acuerdo a una antigua leyenda, mientras el rey Salomón paseaba por sus jardines y meditaba en la grandeza de sus obras (acababa de terminar de construir su majestuoso templo), escuchó una bulliciosa conversación entre dos mariposas. 
     Dice la tradición que Salomón era un experto en ciencias naturales y era sensible al misterioso lenguaje de los animales; en realidad, Salomón era capaz de entender a los animales, a las aves, a los reptiles y a los peces. Por ello, no sorprende que fuera capaz de entender el susurro de estos dos insectos.
          –Con un movimiento de mis alas –se jactó una de ellas, yo podría destruir este templo.
      De más está decir que la otra mariposa quedó muy impresionada. 
      Pero a Salomón eso no le gustó. De inmediato, citó a la primera mariposa a su oficina.
     –Así que –dijo Salomón–, entiendo que con un movimiento de una de tus alas puedes destruir mi templo.
     –No –tartamudeó la mariposa, temblando toda (eso explica el hábito del temblequeo que vemos ahora entre las mariposas)–. Solo me estaba jactando ante mi amiga; quería conseguir su atención y admiración.
     Salomón sonrió comprensivamente, perdonó a la pobre criatura y la dejó ir.
     Cuando la mariposa salió del palacio, se encontró con su temblorosa amiga, que la había estado esperando ansiosamente para saber cómo le había ido con el rey.
     –¿Qué te dijo Salomón? –le preguntó.
     Tensando sus músculos alares otra vez, miró a su amiga a los ojos, y le dijo:
     –¡Me rogó que no destruyera su templo!

(Extraído del libro TODO ES VANIDAD, de Jacques Doukhan).