Fue por la mañana que me acerqué y le conté mi vida. Sus ojos claros penetraron mis sentidos y supe que nunca más olvidaría Su historia. Junto a Él aprendí las verdades más grandes y de Su mano cálida me aferré para siempre. Nunca más sentí el desamparo y estar a Su lado es mi único destino.
Sus ojos sigilosos intuyen el peligro y pongo atención a todos Sus consejos. Su boca se derrama de ternura. ¡No imagino mi vida sin Él! Después de tanto buscarlo, ¿cómo podría dejarlo ir? Su amor eterno traspasó mi corazón y nunca más volví a sentir desconsuelo. Su amor me seguirá todos los días de mi vida.
La honestidad adorna Su pecho y la sabiduría corona Su cabeza. Sus pies son ágiles para la carrera y Sus manos desbordan bondad. ¡Nada me falta estando a Su lado!
Por la noche me acuesto y me duermo tranquila porque Él vigila mi sueño. Es el defensor de mi vida y también quien la restauró. Él es el Rey del universo y Su grandeza perdura para siempre.
Lo ví aquella tarde y supe que era El que ama mi alma… Su nombre es Abba.
“Un poco más tarde lo hallé, lo retuve y no lo dejé ir...” (Cantares 3:4, LA BIBLIA AL DIA.)
(Chari)
(Chari)
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